Los juegos de palabras. El lenguaje siempre nos ofrece una riqueza que a veces no aprovechamos. En mis años de estudio como maestro, los profes me acercaron a muchas palabras y sus funciones. Conocí los verbos, los adjetivos, los sustantivos, las conjunciones que unían los complementos, los sinónimos que decían lo mismo, los antónimos que se oponían a otras palabras, los homófonos que a veces nos engañaban y otras que no recuerdo mucho pero sé que existen. Siempre me recalcaban la exactitud de cada una de ellas, unas definían acciones, otras asignaban cualidades a las cosas o personas, y así una larga lista de posibilidades que se tornaba imposible en tanto más palabras conocía. Creía conocerlo todo o casi todo sobre nuestro rico lenguaje. Dudoso como casi siempre de lo que me dicen, en términos de lo absoluto, me he empeñado en que la lectura me agregue cada día nuevos términos. Así, un buendía, incorporé: epistemología, hermenéutica, mismidad, putas tristes, desarrollo, cultura, mayé...